Mediodía

Las moscas oscurecen
La dulzura de la sangre
Que se marchita.

Elevado y malherido
Tiene por conciencia
Dolor y fin.

La sed y las lágrimas
Son ahora
La misma sed.

Unas mujeres ofrecen
Doparle el sufrimiento
Con vino y mirra.

Advertido, no lo acepta.

La muerte
Es una herida que no cicatriza

Morir
No tiene paliativos.


(c)2004/Evangelio de las migagas. EAG

3 comentarios:

Anónimo dijo...

duro...triste...bello

Un abrazo, vero

Ari Gonz dijo...

Gracias Maestra, siempre estàs.

Juane dijo...

Sin embargo yo creo que la muerte ajena es la que no tiene paliativos. La propia es apenas la última afirmación de la existencia

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Almagro, Buenos Aires, Argentina